Kirli la sostuvo entre sus brazos para calmarla —No te preocupes. Ahora solo queda resguardar al clan —
Josefa asintió, apretando los dientes; sabía que Mariana cargaba una responsabilidad enorme y, si ella dudaba, sería su lazarillo —Sí — Dijo— Debo irme. Tengo cosas que hacer. Nos vemos —
—¿A dónde irás? — Inquirió él.
—Kirli, estaré bien. Créeme, nada me pasará —
Se zafó del abrazo con decisión y se dirigió al campo de entrenamiento, donde Rusil la esperaba.
—Lo lamento — Dijo él al verla entrar— ¿Estás lista? —
—Sí — Respondió ella, y se retiró para cambiarse.
Kirli la siguió con la mirada hasta que la vio comenzar a entrenar con Rusil. Se quedó más tranquilo; no era tan grave como había temido.
Mientras tanto, Celia, traviesa y directa, se acercó —¿Por qué no le dices que la amas?— Preguntó a Kirli, con esa urgencia que confunde ternura y mando.
Él sonrió con amargura —¿Y si me rechaza? — Replicó— Ella ha estado enamorada de Humo durante años; lo de hoy la ha lastimado —
—Igual de