Gusto le besó la frente, dejándose llevar por la ternura —Te amo, mi consentida. Déjame amarte hoy, sin pensar en nada más —
—Pero tengo que ir a estudiar —Protestó entre risas suaves, aunque su cuerpo ya cedía bajo el calor del suyo.
—Hoy no —Respondió él con una sonrisa pícara— Ya todos lo saben —
Y antes de que pudiera replicar, la besó de nuevo. Sus manos la envolvieron con la misma devoción con la que unía su destino al de ella. Entre la fragancia de las esencias y el roce de su piel, el t