El ambiente se llenó de una mezcla curiosa entre celebración, magia y complicidad. La brisa marina arrastraba el aroma de los asadores, el murmullo de las olas y las risas de todos ellos, marcando el inicio de un encuentro que, aunque festivo, traía consigo conversaciones importantes que nadie podía evitar por mucho tiempo.Melany sonrió con esa ligereza que siempre la caracterizaba y movió un mechón húmedo de su cabello, aún con reflejos del mar —Me gusta ser como soy, lo tomas o lo dejas. Al final, los celos son problema de quien los siente — Dijo con una naturalidad que hizo que Kiny apretara la mandíbula.Mariana, la duende, que siempre defendía las normas del consejo, notó su expresión y frunció el ceño —¿No te da miedo que se enfade tu esposo? — Preguntó con voz baja, casi temiendo provocar una tormenta— Se nota que lo enojaste —Melany se encogió de hombros, divertida —No, todos ellos son mis amigos. Además, hace tanto que no los veía… me emociona muchísimo — Respondió mientras,
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