GabrielEl chofer maniobra hacia la entrada del Meridian Club, el bar más exclusivo de la capital, donde ministros, empresarios y herederos pasan sus noches pretendiendo que el mundo no se les cae encima. Perfecto lugar para fingir normalidad. Perfecto lugar para arruinarla.Me bajo del carro con un humor de perros.Luca me está esperando en la entrada, apoyado en una columna de mármol negro, fumando. Luce relajado, con esa sonrisa de idiota funcional que siempre sabe más de lo que dice y dice más de lo que debería.—Pareces mierda —es su saludo.—Tú pareces un imbécil —respondo mientras el portero abre la puerta.Entramos. El lugar es semioscuro, luces ámbar, mesas bajas, sofás de cuero, música electrónica suave. El VIP queda al fondo. Luca saluda a media humanidad antes de llegar, yo apenas asiento.La botella ya está servida. Él tiene una mujer sentada al lado, una de esas rubias artificiales cuya risa parece practicada frente al espejo.—Sirve —ordeno, tirando la chaqueta sobre el
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