IsaCuando la puerta se abre de golpe, casi se me cae el celular de las manos.Gabriel aparece en el marco, traje aún puesto, la corbata un poco aflojada, el cabello revuelto como si hubiera pasado los últimos minutos pasándose la mano por él. Sus ojos van directo a mí, acurrucada en la cama, con las rodillas pegadas al pecho y el teléfono temblando entre los dedos.Por primera vez… siento alivio de verlo.Y al mismo tiempo, pánico.Pánico por el mensaje que acabo de leer.Pánico por lo que va a pensar.—Isa —su voz es baja, firme—. Respira.No me doy cuenta de que estoy hiperventilando hasta que él cruza la habitación en tres zancadas y me arranca el celular de la mano.—No… —protesto con un hilo de voz, pero es ridículo. Mis manos tiemblan tanto que apenas podría sujetarlo.Sus ojos recorren la pantalla. Lo veo leer el mensaje, una, dos veces. La mandíbula se le tensa hasta casi romperse.«Hoy te dejé ir. Mañana no.El estómago se me revuelve. Solo de recordarlo, me dan ganas de vom
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