Gabriel
El agua caliente cae sobre mi espalda como un castigo que no termina de doler lo suficiente.
Apoyo ambas manos contra la pared de la ducha y bajo la cabeza, dejando que el vapor me envuelva mientras intento ordenar el caos que tengo en la cabeza. Pero no sirve. No importa cuántas veces respire hondo, ni cuántas veces me repita que todo esto es parte del plan.
Isabela sigue ahí.
Debajo de mis párpados cerrados, su imagen vuelve con una claridad cruel: su cuerpo tenso primero, luego rendi