En el ayuntamiento de San Petersburgo, en una linda mañana soleada de primavera, llegó la boda civil rápida antes de la religiosa grande, solo familia cercana, Dimitri como testigo, Alexei en brazos de doña María con trajecito de marinero. Sofía de blanco inmaculado, el vestido ajustado marcando la pancita de casi cinco meses, velo corto con mantilla española, radiante como una novia renacida. Viktor de negro impecable, con el traje hecho a medida, la barba recortada, sus ojos grises brillando solo para ella. El juez lee los artículos legales, rutina rápida. —¿Aceptas, Sofía, a Viktor Volkov como tu esposo? —Sí, acepto. —¿Aceptas, Viktor Volkov, a Sofía como tu esposa? —Sí, acepto. Por y para siempre. Intercambio de anillos, el diamante negro en su dedo, alianza de platino en el de él. —Entonces, con el poder que me conceden, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia. Viktor de inmediato la besa profundamente, volcando todo su verdadero amor, apasionado, con
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