Capítulo 62: Noche sin dormir y un... rapidín.
Eran las 02:17 a.m. en la Torre, Moscú duerme bajo una luna fría que se cuela por los ventanales gigantes. Dentro, el llanto de Alexei es un cuchillo que lleva clavándose en sus oídos desde las once de la noche. Cólicos. El pediatra dijo “es normal”, pero nadie avisó que normal podía doler tanto en el alma. Viktor camina descalzo, solo en bóxers negros, el torso tatuado brillando de sudor. Lleva al bebé pegado al pecho, una mano enorme cubriéndole toda la espalda, la otra sosteniendo la cabecita. Ocho kilómetros ya. Lo sabe porque dio vueltas al contador del reloj: sala, pasillo, cocina, vuelta a la sala, pasillo, cocina… —Shhh, malysh… (pequeño en ruso) papá está aquí… shhh… Su voz está rota, ronca de tanto susurrar, de tanto cantar nanas rusas que nunca pensó que sabría. Sofía aparece en la puerta de la cocina en un camisón de seda gris que apenas le tapa el culo. Los ojos hinchados, el pelo revuelto, pero igual de jodidamente hermosa. Se apoya en el marco, mirándolo cami
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