—No puedo, Liam. Es… Simplemente no entiendo qué intentas hacer. ¡No puedes jugar conmigo!Liam tomó las manos de Bianca con suavidad, mirándola con profundidad, con un amor sincero y sin intenciones de pelear. Mierda. Estaba cansado. Necesitaba disculparse como correspondía, arrodillarse y agradecerle a Bianca por todo. Pero su cuerpo ya no respondía; la presión que sentía era cada vez más fuerte. Sus cuerpos parecían derretirse y sus mejillas se sonrojaron.—Eres preciosa y no te merezco. Jamás en mi vida había conocido a alguien tan hermosa y pura. Eres increíble, Bianca, la mejor sorpresa que me podrían haber dado, y…—¡No! Por favor, detente.— Rogó Bianca mientras se sacudía. Se sentía débil, completamente deshecha bajo aquel tacto.—Shh… Yo solo… Yo solo.— Murmuró Liam, su rostro acercándose al de ella, sus cuerpos ardían con la cercanía.Ambos sintieron ganas de llorar, de abrazarse y no soltarse jamás, de borrar todo y pretender que todo era perfecto. Liam intentó acercarse aú
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