—No puedo, Liam. Es… Simplemente no entiendo qué intentas hacer. ¡No puedes jugar conmigo!
Liam tomó las manos de Bianca con suavidad, mirándola con profundidad, con un amor sincero y sin intenciones de pelear. Mierda. Estaba cansado. Necesitaba disculparse como correspondía, arrodillarse y agradecerle a Bianca por todo. Pero su cuerpo ya no respondía; la presión que sentía era cada vez más fuerte. Sus cuerpos parecían derretirse y sus mejillas se sonrojaron.
—Eres preciosa y no te merezco. Jam