En ese instante, Isabella volvió a la realidad. A esa verdad que había intentado olvidar. Todo lo que vivía con Ignacio estaba condicionado a la presencia de otra mujer. Su lugar no era el del amor legítimo, sino el de la sombra. Cerró la puerta tras él con suavidad. Y, por primera vez, su cuento de hadas dejó de parecer eterno.Ignacio subió a su coche y condujo hasta el aeropuerto a buscar a Valeria.El rostro de Isabella, su desconcierto, la forma en que lo miró, su tristeza, lo llenaron de frustración. Aunque la amaba, no podía evitar verla sufrir. Tenía que tomar una decisión. Junto a ella, era un hombre completo, feliz. En cambio con Isabella, solo se sentía vacío y solo a pesar de tenerla al lado. Al bajar del coche, la rubia lo recibió con una calidez que no esperaba. Lo abrazó con fuerza como si realmente estuviera feliz de verlo. Se veía, estaba distinta. Ya no parecía la mujer distante, sino todo lo contrario, enamorada. —¡Mi amor! Cuanto te he extrañado. —dijo con
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