Ignacio llegó al bufete y se reunió con un grupo de socios, mientras Isabella fue hasta su dormitorio para ducharse y quitar el resto de los fluidos que aún permanecían en ella. Se desvistió y entró a la ducha. Apenas el agua tibia cayó sobre su piel, sintió una ligera sensación de calma. Deslizó sus manos por cada parte de su cuerpo retirando de esta el sudor, las caricias y los besos de su amante.
—Tengo que olvidarme de ti, Ignacio Montenegro. Tengo que hacerlo —dijo con voz trémula.
Amar