La naturaleza tiene formas crueles de anunciar los grandes cambios. Aquella noche en las tierras altas de Montana, el cielo no solo se encapotó, sino que pareció desplomarse sobre la cordillera. Las nubes, densas y cargadas de una electricidad violenta, se arremolinaban sobre la casona, como un presagio de muerte y vida entrelazadas. El viento aullaba entre las grietas de la madera, un sonido que se confundía con los lamentos que emanaban de la habitación del segundo piso.Clara la mujer que había sido el peón en el juego de poder de los primos Briston, se encontraba ahora en el centro de su propia batalla final. Sudorosa, con el rostro desencajado y los ojos inyectados en sangre, se aferraba a las sábanas con una fuerza que desafiaba su frágil anatomía.—¡Respira, Clara! ¡No dejes que el dolor te domine, tú eres más fuerte que esto! —Abigail le gritaba al oído, tratando de hacerse oír por encima de un trueno que hizo temblar las lámparas de aceite.Abigail no era partera, pero el amo
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