La mano de Saimon en su barbilla descendió, rodeándole la nuca, sus dedos se abrieron, apoyándose en la piel caliente, el pulgar rozando, apenas, la línea del maxilar, no lo apretó con fuerza, simplemente lo sostuvo, impidiéndole de esta forma retroceder por reflejo.Entonces el beso, que al principio había sido un toque corto, d pronto se prolongó, Saimon no se apartó, aunque podría haberlo hecho, debería haberlo hecho, bastaba con inclinarse hacia atrás, soltarle la nuca, acompañar el gesto con una risa y terminar el asunto como una broma de borrachos... Pero no lo hizo, había demasiado ruido en su cabeza para pensar con claridad, y al mismo tiempo, una franja de lucidez incómoda le advertía que eso no era tan inocente como pretendía que fuese, Saimon se repitió una y otra vez que debía alejarse, y sin embargo, se quedó ahí, notando, con una nitidez inesperada, la suavidad de los labios de Jamil.Saimon pensaba encontrarse con rigidez, torpeza, algo que encajara con la confesión de
Leer más