La semana se había diluido en una rutina gris desde que Saimon supo la verdad, Osmar no era su hijo, y, sin embargo, eso no era motivo de felicidad para él, porque lo había perdido y no sabía por cuanto tiempo, Gul, Osmar se habían marchado al sur de Italia, a una villa junto al mar que ni siquiera quiso imaginar con demasiado detalle. Cada vez que su mente lo intentaba, sentía una punzada seca en el pecho, una mezcla de rabia y vacío.
El silencio de la habitación se le hacía insoportable, y au