Mientras tanto, en la mansión MarchettiLa mansión estaba sumida en una tensión espesa.Hombres armados entraban y salían de las salas de monitoreo, radios murmuraban códigos incompletos, pantallas mostraban carreteras marcadas, zonas rurales ampliadas, intentos fallidos.Cada minuto sin Sofía era un golpe directo al pecho.Aria permanecía de pie, rígida, las manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancosVicttorio estaba a su lado, inmóvil, con el rostro endurecido, los ojos oscuros siguiendo cada movimiento de los hombres.Carter caminaba de un extremo a otro, la mandíbula apretada, respirando como una fiera enjaulada.Entonces el teléfono de Aria vibró, un mensaje anónimo, un solo archivo, el corazón se le desplomó. Aria abrió el videol la imagen apareció temblorosa, mal iluminadaSofía estaba tirada en el suelo de una bodega, amarrada de manos y pies, empapada, sucia, con el rostro golpeado y la piel marcada.Un arma presionaba su sien y aun así…
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