En el centro del almacén abandonado, el silencio se volvió denso y opresivo, como el aire antes de una tormenta de balas. Vega e Isabella se alejaron hacia una oficina oxidada en la parte superior del muelle, sus pasos resonando en el metal corroído mientras discutían los términos del rescate en voz baja, como conspiradores en un nido de víboras. Dejaron a Ginna vigilando a su madre, Alessandra, atada a una silla oxidada en el centro del espacio vacío, con solo una bombilla colgante iluminando su rostro magullado.Alessandra aprovechó el momento de soledad relativa. Miró a su hija con ojos llenos de una tristeza infinita, pero también de una determinación feroz.—Ginna... mírame, por favor —susurró, su voz ronca por el sedante residual, pero cargada de urgencia maternal—. Todavía estás a tiempo, ayúdame a salir de aquí. Esa mujer, Isabella... solo te está utilizando. Se aprovecha de tu soledad, de tu necesidad de afecto. Ella no sabe amar, Ginna. Solo sabe destruir, como un veneno que
Ler mais