En el centro del almacén abandonado, el silencio se volvió denso y opresivo, como el aire antes de una tormenta de balas. Vega e Isabella se alejaron hacia una oficina oxidada en la parte superior del muelle, sus pasos resonando en el metal corroído mientras discutían los términos del rescate en voz baja, como conspiradores en un nido de víboras. Dejaron a Ginna vigilando a su madre, Alessandra, atada a una silla oxidada en el centro del espacio vacío, con solo una bombilla colgante iluminando