Nunca pensé que un gesto como este pudiera sentirse tan contradictorio, la sala estaba iluminada con luces cálidas, más decorativas que funcionales, y la música de fondo parecía demasiado alegre para lo que estaba a punto de suceder.Quinn Design había organizado esta fiesta de colaboradores como celebración de fin de proyecto, pero yo sabía que nada era inocente.Todo era protocolo, observación, cálculo.Cada invitado, cada aplauso, cada copa levantada era un registro, una marca, un fragmento de información que alguien archivaría en un lugar invisible.Y ahí estaba yo, consciente de todo eso, intentando concentrarme en la persona que tenía al lado, mientras mi corazón se aceleraba y mis manos sudaban.Dorian.Caminaba conmigo entre los invitados, saludando con cordialidad, aceptando sonrisas, intercambiando palabras educadas.Su mano rozaba la mía de vez en cuando, pero no era un gesto automático; era un recordatorio silencioso de que estaba conmigo, de que, a pesar de la exposición,
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