No ocurre cuando estoy preparada, eso lo entiendo después, cuando intento reconstruir el instante exacto en el que mi vida cambia de forma irreversible.No hay anuncio previo, no hay música, no hay una sensación clara de “esto es importante”.Lo que hay es cansancio, un cansancio hondo, de esos que no se van durmiendo, porque no vienen del cuerpo sino de haber sostenido demasiadas cosas demasiado tiempo.Estoy sentada en el borde de la cama, descalza, con la espalda ligeramente encorvada, mirando un punto fijo en la pared sin verlo realmente.Hace rato que dejé de leer el mismo párrafo una y otra vez. Mi cabeza está llena de nombres que no puedo decir en voz alta, de decisiones que no admiten marcha atrás.Lina, Caelan, Noah, la familia Vance.Y, sin embargo, debajo de todo eso, hay algo distinto esta noche.Una quietud rara, como si el mundo hubiera bajado el volumen.Dorian está en el baño, lavándose las manos.Escucho el sonido del agua, el roce de la toalla, pasos suaves acercándo
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