Lina no Responde.
No me inquieta de inmediato.
Eso es lo más perturbador cuando lo pienso después: la calma inicial. El silencio que no grita, que no irrumpe, que no exige atención.
El mensaje queda ahí, enviado, suspendido en ese espacio ambiguo donde todavía es posible pensar que el mundo sigue funcionando con normalidad.
Escribo su nombre una sola vez: Lina.
El cursor parpadea como si esperara algo más elaborado, pero no lo hay.
No quiero preguntar cómo está porque esa frase siempre es una trampa, no quiero e