El Anillo.
El anillo no pesa, eso es lo primero que noto, y también lo primero que me inquieta.
Está ahí, rodeando mi dedo anular izquierdo, discreto, casi austero. No brilla de manera ostentosa.
No parece reclamar atención, podría pasar desapercibido si alguien no supiera mirar y si el diamante no fuera tan brillante.
Sin embargo, cada vez que muevo la mano, lo siento. No por su peso físico, sino por todo lo que representa.
No lo escondo, tampoco lo exhibo, simplemente está.
Nora lo nota antes de que yo