El Error.

No debería haberme quedado tanto tiempo mirándolo.

Eso pienso después, cuando ya es tarde para fingir que no vi nada. Cuando el gesto mínimo, casi elegante, se me queda adherido al cuerpo como una astilla.

Cuando entiendo que no fue una casualidad, sino una grieta, y que las grietas, una vez que se ven, no se cierran.

Caelan está sentado frente a mí, ligeramente inclinado hacia adelante, con las manos apoyadas sobre la mesa.

La postura es correcta, demasiado correcta, como si alguien la hubiera
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