AURA.
El primer rayo de sol del lunes se cuela por el resquicio de la cortina, cortando la penumbra de mi habitación. Abro los ojos y mi mente, que al principio está confusa y suave, se vuelve un latigazo de culpa en cuestión de un segundo. La realidad me golpea con el peso de mi desastrosa noche.
A mi lado, Christopher Jones duerme.
Está boca abajo, cubierto solo hasta la cintura por la sábana, la musculatura fuerte de su espalda tensa y relajada a la vez. Su cabello oscuro está revuelto, y su