ENTRE LA ESPADA Y LA PARED.
AURA.
Su voz es un susurro peligroso, más aterrador que cualquier grito. Cada palabra es pronunciada con una claridad mortal, como si estuviera cortando una línea de vida.
Todo mi mundo se pone de cabeza. La realidad me golpea con tal fuerza que siento que voy a vomitar. El pasado, el presente, el juego sexual y la investigación chocan en una colisión frontal, y no hay dónde correr. Estoy atrapada entre el hombre que me amó y el hombre al que acabo de amar, y ambos son ahora sus enemigos.
Liam, pálido y vulnerable, se ha quedado sin palabras, atónito por la presencia semidesnuda del magnate en el apartamento de su exnovia.
El silencio es tan brutal que puedo escuchar el latido frenético de mi propio corazón, que ahora pertenece al hombre al que acabamos de traicionar.
El silencio dura solo un parpadeo, pero en ese lapso siento que la escena se graba a fuego en la retina de Liam, en el juicio de Christopher, y en mi propia condena. Mi mente es un torbellino de pánico: Liam no puede sab