CRHIS.El doctor, notando que nos ha dejado sin palabras, nos dedica una última sonrisa de felicitación y se retira de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic suave. El silencio que queda es denso, vibrante, cargado de una electricidad que nunca antes habíamos sentido.Me quedo petrificado, con la mirada fija en Aura. Siento un zumbido en los oídos y el corazón me golpea las costillas con una fuerza salvaje. ¿Un hijo? ¿Tres semanas? La idea empieza a echar raíces en mi mente y, de repente, todo el miedo de hace una hora se transforma en una euforia que me quema las venas.Aura rompe el silencio con una risa nerviosa, casi un susurro.— Christopher… —susurra, y veo cómo sus ojos se llenan de lágrimas, pero esta vez no son de tristeza—. Un bebé. Vamos a tener un bebé.Esa frase es el detonante. Suelto un suspiro tembloroso y me abalanzo hacia ella, no con urgencia, sino con una devoción infinita. La tomo de nuevo entre mis brazos, pero ahora lo hago con una veneración n
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