IsabellaEl aire se había convertido en un veneno que quemaba mis pulmones. Cada bocanada era un castigo, cada paso una traición de mis propios músculos. El Paso El León no era un cruce de montaña; era un campo de pruebas, un confesionario donde mi cuerpo, adiestrado para la elegancia y la supervivencia de oficina, fallaba ante la realidad primitiva del Ande.Mi visión se nublaba con el esfuerzo. La nieve, fresca y profunda en las zonas de sombra, me llegaba hasta las rodillas, obligándome a levantar el peso de mi cuerpo y el del niño a cada zancada. Habían pasado casi tres horas desde que abandoné el pickup, y cada minuto era un metro ganado a Alejandro, y un minuto perdido ante el inminente nacimiento.La bolsa de titanio, mi salvavidas, pesaba dolorosamente sobre mi hombro, recordándome que allí dentro estaba no solo mi capital de guerra, sino la prueba de mi fracaso: el pasaporte de Liana Costache. Un nombre sucio, una identidad creada en la penumbra de los negocios de Alejandro,
Leer más