Alejandro
El silencio fue lo primero que me golpeó, un silencio denso y antinatural que devoraba el aire. Mi cuerpo se sentía pesado, la conciencia luchando por ascender a través de una niebla viscosa que no reconocí. Nunca me había costado despertar. Mi mente, mi mayor activo, era un reloj suizo, calibrado para reaccionar al menor cambio en mi entorno.
Algo estaba mal.
Abrí los ojos. El reloj digital marcaba las 4:17 a.m. Había dormido apenas cinco horas. La dosis de mi somnífero, que normalme