Alejandro
El aire en el Paso El León era una mezcla cruel de hielo y silencio. El viento, crudo y afilado, cortaba la piel expuesta, pero el frío físico no era nada comparado con el vacío abrasador que sentía en el pecho. Aterricé en una helipista improvisada a menos de un kilómetro del puesto fronterizo olvidado. Había superado la parálisis de los activos, había anticipado la jugada de Eleanor Vance, y había decodificado su plan B (Jasmine Cole). Había movilizado a mis mejores hombres. Y sin embargo, la carretera estaba vacía.
Romero me esperaba junto a la camioneta blindada, su rostro pétreo reflejaba la falta de éxito.
—Señor Cifuentes. El cruce está limpio. Revisamos cada vehículo que pasó en las últimas tres horas. Ninguna mujer sola, y definitivamente nadie con la documentación de Jasmine Cole.
—Imposible —mi voz era un susurro denso, peligroso. No era una pregunta; era una negación de la realidad—. Ella lo sabe. Sabe que rastrearía el Plan B. Ella es mi alumna, Romero. Ella har