El aire en la habitación del hotel se volvió denso, como si el oxígeno hubiera sido reemplazado por pólvora. Elena miró a Adrián, quien apenas comenzaba a recuperar un poco de color, y luego a su teléfono. El mensaje de Sofía era una alarma que no podía ignorar.—Tengo que irme, Adrián —dijo Elena, recogiendo sus cosas con prisa—. Sofía está en problemas.—No vas sola —sentenció Adrián, poniéndose en pie con esfuerzo. Aunque su cuerpo estaba débil, el brillo de autoridad en sus ojos grises había regresado—. Si hay un Valente involucrado, es mi problema.El Rostro del Enemigo (Parte 1)Llegaron al apartamento de Sofía y la escena los dejó helados. La puerta estaba abierta. En la pequeña sala, Sofía estaba sentada en el sofá, pálida, frente a un hombre que revisaba con calma unos documentos legales. Marco, el fotógrafo, ya no vestía su chaqueta de cuero desgastada; llevaba un traje de corte italiano que gritaba poder.—Llegas a tiempo, hermano —dijo Marco, levantando la vista con una so
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