El aire en la habitación principal se volvió gélido. Vincenzo, con la calma de un verdugo, sostenía su bastón-pistola apuntando alternativamente a los dos hombres que reclamaban el nombre de Adrián Valente. Sus guardias rodearon la estancia, bloqueando las salidas.
—Qué situación tan fascinante —comentó Vincenzo, su voz destilando un veneno refinado—. El sobrino que creí muerto regresa de las paredes, y el sobrino que creí sumiso resulta ser un impostor con delirios de grandeza.
La Alianza Forz