El juzgado de familia parecía una arena de gladiadores. Los flashes de los fotógrafos estallaban en la entrada mientras Elena, vestida con un traje negro impecable, caminaba con la frente en alto, sosteniendo la mano de una Mía confundida. Detrás de ellas, Sofía caminaba en un silencio sepulcral, evitando mirar a su hermana.Adrián ya estaba allí, sentado junto a su equipo de abogados. Al ver a Elena, le dedicó una inclinación de cabeza casi imperceptible, una sonrisa de triunfo asomando en sus labios. Él creía tener todas las cartas: el dinero, el testamento y, sobre todo, la lealtad comprada de Sofía.El Testimonio Inesperado (Parte 1)La jueza llamó a Sofía al estrado. El silencio en la sala era tal que se podía escuchar el segundero del reloj de pared. Elena sentía que el corazón se le escapaba del pecho. Sabía que Sofía estaba herida, pero ¿sería capaz de entregarla al lobo?—Señorita Sofía —comenzó el abogado de Adrián—, ¿es cierto que su hermana, Elena, sacó a la menor del país
Ler mais