El viento soplaba con fuerza sobre el puente de Westminster, agitando la gabardina de Elena. Alek permanecía a unos metros, con la mano extendida, su rostro usualmente impasible ahora desencajado por una mezcla de terror y súplica. Isabella, a su lado, mantenía esa sonrisa de victoria que a Elena empezó a resultarle demasiado ensayada.—¿Vas a creerle a ella, Elena? —la voz de Alek sonó ronca, rota—. Isabella no busca justicia para tu padre. Solo busca una forma de herirme a mí.Elena miró la carpeta que Isabella le había entregado. Las fotos y los informes parecían reales, pero en el mundo de Alek e Isabella, la realidad era una plastilina que se moldeaba al antojo del mejor postor. Elena respiró hondo y, para sorpresa de ambos, cerró la carpeta y dio un paso atrás, alejándose de Isabella.—No voy a ser el arma de nadie —sentenció Elena, mirando fijamente a la mujer de seda plata—. Me diste la "verdad", Isabella. Pero me pregunto... ¿qué es lo que tú ganas con esto? Porque nadie en e
Leer más