“...si en cualquier momento quieres dejarlo todo, solo tienes que decirlo y nos iremos de aquí juntos, sin decir nada más a nadie”, terminó Mateo, sus ojos marrones clavados en los míos con una intensidad que me hizo temblar. “No quiero que te sientas obligada a nada, Sofía. Tu felicidad es lo único que importa para mí”.Agité la cabeza, cogiendo su rostro entre mis manos y acercándolo al mío hasta sentir su aliento sobre mi piel. “No quiero irme a ninguna parte”, dije en voz baja, sintiendo cómo el corazón latía con fuerza en mi pecho. “Quiero estar aquí, quiero decir mis votos contigo, quiero que todo el mundo sepa que finalmente he encontrado a alguien que realmente me quiere”.En ese momento, Carla entró corriendo en el vestuario, con los ojos brillantes de emoción y un pequeño sobre en la mano. “Lo conseguí”, dijo entre jadeos, entregándome el sobre. “El oficiante que habíamos contratado se fue cuando supo que Diego no vendría, pero el tío de la pareja que se casaba en el salón d
Leer más