La figura se deslizaba hacia ellos, sin que sus pies parecieran tocar el suelo. No caminaba; avanzaba, y a su paso, el mundo dejaba de ser. El vibrante liquen de las rocas se desvanecía en un gris uniforme. La textura misma de la piedra se alisaba, perdiendo su millón de años de historia. Era un artista de la nada, y su lienzo era la realidad.Ronan dio un paso al frente, interponiéndose entre Elara y el horror que se aproximaba. Desenvainó su espada, el acero brillando con una luz desesperada y desafiante. —Atrás —gruñó, siendo su voz el único sonido real en aquel silencio sofocante.Lo Deshecho se detuvo. Su cabeza sin rostro se inclinó ligeramente, un gesto de una malicia inquisitiva y desconcertante. Levantó una mano, no para golpear, sino simplemente para señalar.La espada de Ronan, la reliquia de su linaje, el arma que había defendido a Elara una docena de veces, parpadeó. El filo afilado y definido de la hoja se emborronó. Los intrincados patrones de la empuñadura se desvaneci
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