El silencio perfecto de Aethelgard se rompió por la respiración entrecortada de Kael. Ronan lo mantenía apoyado contra la base de cristal de una fuente ahora apagada, presionando con sus grandes manos un fajo de tela arrancado de su propia túnica contra la herida humeante en el hombro de Kael.—No está funcionando —dijo Lyra, con la voz tensa por la frustración. Estaba arrodillada frente a Ronan, con las manos suspendidas sobre la lesión y el rostro pálido por el esfuerzo—. El dolor… es erróneo. No es una herida limpia. Es fría, como si un trozo de hielo se estuviera extendiendo, congelando todo lo que toca. —Su empatía, una herramienta para la conexión y la sanación, chocaba contra un muro de la magia maliciosa de Isolde.Ronan gruñó, aplicando más presión. Kael se estremeció y un siseo de dolor escapó de sus dientes apretados. —Su magia es un veneno. Necesitamos llevarlo con un sanador.Elara permanecía de pie sobre ellos, con una expresión ilegible. En una mano sostenía el fragment
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