El portal que apareció en el borde del abismo de Profundis no era un desgarro en la realidad, sino un estallido de ella. Era un vórtice giratorio de colores imposibles: verde esmeralda, oro bañado por el sol, magenta vibrante y el azul profundo y rico de un cielo tropical. De él no emanaba el silencio frío del vacío, sino una sinfonía de vida. La cacofonía de mil aves invisibles, el zumbido bajo de incontables insectos, el goteo suave de la humedad sobre hojas anchas y un latido profundo y resonante que vibraba en sus propios huesos.Tras la quietud sofocante de Profundis, aquello era un asalto a los sentidos. Kael dio un paso atrás involuntario, llevándose la mano a los oídos. Ronan frunció el ceño, con su desconfianza instintiva hacia lo incontrolado y lo caótico a flor de piel. Los ojos de Elara se abrieron de par en par, su mente ya intentaba categorizar y analizar el abrumador flujo de datos. Lyra, sin embargo, permanecía paralizada, con una sola lágrima trazando un camino a trav
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