Capítulo 76. Mundo de locos
Intenté moverme para sentarme mejor, pero un tirón en los puntos me hizo soltar un quejido. Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe. No fue un empujoncito suave de enfermera; fue un golpe duro, de esos que avisan que quien entra no viene en son de paz.Era Alejandro.Traía la misma ropa de antes, pero se veía aún más desquiciado. Tenía la corbata floja, la camisa desabrochada del cuello y los ojos... Dios, sus ojos grises daban miedo. Estaban rojos, fijos en mí con una intensidad que me hizo querer esconderme bajo las sábanas.—He reforzado la planta, Valeria —dijo sin siquiera saludar, caminando de un lado a otro como un león en una jaula—. He traído a seis hombres más. Nadie que no tenga mi huella digital o mi autorización directa va a pasar de la sala de espera. Ni Fabio, ni la prensa, ni nadie.Lo miré y sentí que una rabia fría me subía desde el estómago. Él hablaba de hombres, de seguridad, de su maldita guerra, mientras yo estaba aquí herida, preguntándome si el hombr
Leer más