Capítulo 89. El Legado
Días despues...Me detuve un segundo frente al gran retrato de mi madre que presidía la entrada. En la pintura, Clara no lucía como la mujer atormentada que los secretos de Dallas intentaron sepultar, sino como la mujer que realmente fue: fuerte, elegante, con una mirada que parecía atravesar el tiempo y el espacio.Hoy, en el corazón de Florencia, su nombre ya no estaba asociado a escándalos de alcoba o traiciones familiares; hoy, su nombre era un faro de esperanza.Había invertido gran parte de mi herencia personal, aquella que Eva intentó arrebatarnos con uñas y dientes, en este proyecto.El centro no era solo un edificio; era un refugio integral para mujeres que, se sentían atrapadas por las circunstancias, por la violencia o por la falta de recursos.Tenía guarderías, asesoría legal, apoyo psicológico y talleres de formación. Era mi forma de decirle al mundo que el dinero de los Montenegro podía curar, no solo corromper.—Estaría orgullosa, Valeria. Jodidamente orgullosa —la voz
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