—Bueno, es simple —respondí, sosteniéndole la mirada con toda la firmeza que pude reunir—. Desperté y la primera persona que vi fuiste tú. Después, me soltaste que en una semana me casaría contigo y me trajiste a este lado del mundo sin previo aviso. No tengo ni idea de dónde estamos, así que, ¿cómo sé que no te aprovecharás de mi estado?La sonrisa burlona que Damián había dibujado se desvaneció de golpe, reemplazada por una expresión más neutra, casi solemne.—Bueno, ya que lo pones así, no tienes de qué preocuparte —dijo, suavizando el tono—. No haré nada que no quieras, Adeline. Si deseas algo, solo dímelo; pero de mi parte, no haré nada que te incomode ni que te haga sentir mal. ¿De acuerdo?Me quedé pensativa, masticando sus palabras con una duda que me quemaba por dentro. ¿Cómo podía confiar ciegamente en él si era el mismo hombre que me mantenía en este limbo de incertidumbre?—Está bien —dije al final, tratando de sonar convencida—. Es un trato.Damián asintió suavemente, con
Leer más