—Al diablo con el diario, te necesito aquí ahora mismo —exigió Aurora. Sus dedos se cerraron en un puño rígido, la furia vibrando en cada palabra que soltaba por el auricular.
—Te sugiero que controles la manera en la que me hablas —respondió la voz al otro lado, con una frialdad que cortaba como el hielo—. Recuerda que no tienes potestad para dirigirte a mí de ese modo, especialmente cuando soy yo quien está protegiendo tu puto trasero de la policía.
Aurora sintió cómo una oleada de rabia pura