El taxi frenó de golpe frente a una de las entradas laterales del Mercado Central, justo donde el bullicio alcanzaba su punto máximo. El chirrido de los frenos fue mi señal de salida. Me incliné hacia Adeline y, con un susurro urgente pegado a su oído, rompí su letargo: "Adeline, despierta. Tenemos que movernos ahora". Ella parpadeó, confundida y con la mirada todavía nublada por el sueño, pero no hubo tiempo para explicaciones. Pagué al conductor rápidamente y la saqué del vehículo antes de qu