Después de salir de la pastelería, Mara no la dejó sola ni un minuto. La ayudó a revisar el dinero que Elena le había entregado y a pensar con algo de calma. Ariadna estaba demasiado alterada para tomar decisiones rápidas. —No puedes quedarte conmigo —le dijo Mara con pesar, mientras estaban dentro de la jeepeta negra de Wilson, estacionados unas calles más adelante—. Si Akira o Velik todavía me vigilan, te pondría en más peligro.Ariadna lo entendió aunque le doliera.—Entonces necesito un lugar donde nadie me busque.—Un apartamento pequeño —dijo Wilson desde el asiento delantero—. Amueblado. De esos que se alquilan por mes. Puedo conseguir uno.Ariadna levantó la mirada hacia él por el retrovisor.—¿Ahora?—Mientras más rápido, mejor.Y así fue.Wilson hizo varias llamadas, habló poco, con frases cortas, evitando decir el nombre de Ariadna. Mara permaneció sentada junto a ella, sosteniéndole la mano en silencio. De vez en cuando le apretaba los dedos, como si intentara recordarle
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