No después de verlo apuntarle con un arma a su propia esposa.
No después de escucharlo usar a Amelia como amenaza.
Elena se sentó lentamente en el sofá y comenzó a llorar en silencio otra vez.
—No sé cómo llegamos a esto —murmuró.
Ariadna la miró apenas un segundo.
—Llegamos porque papá creyó que podía hacer lo que quisiera con todos nosotros.
Elena no respondió.
No podía.
Afuera seguían escuchándose voces lejanas, golpes de cámaras contra la verja, autos llegando. Héctor recibió otra llamada y