Ariadna seguía sosteniendo la fotografía con ambas manos como si temiera que alguien fuera a quitársela. El papel ya estaba ligeramente doblado por la presión de sus dedos y aun así no podía dejar de mirarlo. Dante. Amelia. Los dos caminando juntos fuera del aeropuerto como cualquier padre y su hija regresando de un viaje cualquiera. Pero no era cualquier viaje. No era una vida normal. Y eso era lo que más le dolía.
Sentía el corazón latiéndole tan fuerte que apenas podía pensar con claridad.
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