Después de salir de la pastelería, Mara no la dejó sola ni un minuto. La ayudó a revisar el dinero que Elena le había entregado y a pensar con algo de calma. Ariadna estaba demasiado alterada para tomar decisiones rápidas.
—No puedes quedarte conmigo —le dijo Mara con pesar, mientras estaban dentro de la jeepeta negra de Wilson, estacionados unas calles más adelante—. Si Akira o Velik todavía me vigilan, te pondría en más peligro.
Ariadna lo entendió aunque le doliera.
—Entonces necesito un l