Francine levantó la mirada y allí, cerca de la entrada, él estaba impecable, regresando de alguna reunión, con un ligero ramo en la mano y una mirada que mezclaba orgullo y un aire fresco de novedad.—Llegas tarde —provocó Francine, con una sonrisa ladeada, los brazos cruzados y la mirada chispeando en medio del vestíbulo de Montblanc.Dorian se acercó con paso seguro, el traje perfectamente ajustado, el perfume discreto y caro que siempre parecía acompañarlo como una sombra de autoridad.En sus manos, el ramo de pequeñas flores blancas contrastaba con su semblante firme, una contradicción hecha a medida.—Yo no llego tarde. —respondió él, entregándole el ramo y, en un movimiento casi automático, atrayéndola hacia un beso breve pero cargado de intención—. Llego en el momento exacto.El contacto fue rápido, pero suficiente para que Francine perdiera el aliento por un instante.Al separarse, él mantuvo el pulgar bajo su mentón, con una sonrisa contenida, esa mirada que mezclaba ternura
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