Los padres de Dorian cruzaron el umbral con la postura impecable de quienes están acostumbrados a ser observados.
La madre, envuelta en un abrigo claro y un pañuelo de seda, llevaba el mentón en alto y la mirada analítica.
El padre, imponente, sostenía un portafolio bajo el brazo como si hubiera venido a discutir negocios.
Pero en cuanto los ojos de ambos se posaron en su hijo, la escena pareció dividirse en dos mundos distintos.
Avanzaron hacia Dorian con sonrisas ensayadas, lo abrazaron breve