Francine observó aquella mansión tan familiar y, por un instante, sintió que el corazón le latía más rápido.
El regreso a Brasil y a la casa de Dorian parecía el inicio de otra vida.
Apenas cruzó el vestíbulo, la primera persona en aparecer fue Denise.
Caminaba con el mismo porte firme de siempre, las manos cruzadas sobre el impecable delantal.
Cuando finalmente vio a Francine, una sonrisa discreta suavizó las líneas de su rostro.
—Así que es verdad —dijo, abriendo los brazos para un abrazo con