Caminaban lado a lado por el pasillo de la mansión, el suave eco de sus pasos resonando sobre el mármol.
Dorian la miró de reojo mientras ella observaba las paredes decoradas con cuadros y luz tenue.
—¿No estás cansada del viaje? —preguntó, con esa voz ronca que mezclaba curiosidad y provocación.
Francine negó con la cabeza, sonriendo.
—¿Sinceramente? No. Viajar en primera clase fue completamente diferente. Dormí casi todo el tiempo. —Estiró los brazos con ligereza, como si aún desperezara la s